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Lanzan hoja de ruta hacia una economía circular con metas de producir 180.000 empleos, aumentar 75% el reciclaje y disminuir un 25% de residuos

Febrero 08, 2021 | www.inmuneschile.cl

La hoja de ruta busca establecer un camino compartido hacia la economía circular durante los próximos 20 años, reconociendo que lograr una transición tan significativa como ésta llevará al menos dos décadas, por lo que es clave construir consensos y lograr articulación entre diversos actores del sector público, el sector privado, la sociedad civil y la academia

Lanzan hoja de ruta hacia una economía circular con metas de producir 180.000 empleos, aumentar 75% el reciclaje y disminuir un 25% de residuos

La hoja de ruta no busca establecer orientaciones para sectores específicos, sino más bien promover acciones que impulsen la economía circular a nivel transversal, con una estrategia sistémica que ayude a ordenar esfuerzos y generar sinergias para avanzar con la fuerza necesaria. Esto, considerando que hay un rango de iniciativas de economía circular más específicas que ya están en marcha. Entre éstas se encuentran la Ley de Responsabilidad Extendida del Productor, la Estrategia Nacional de Residuos Orgánicos, la hoja de ruta de Residuos de Construcción y Demolición, el fuerte impulso que han dado al tema la Corporación de Fomento de la Producción y la Agencia de Sostenibilidad y Cambio Climático, y cientos de emprendimientos e innovaciones a lo largo del país.

Asimismo, aunque se reconoce que tanto la eficiencia hídrica como la eficiencia energética y las energías renovables son parte integral de las definiciones más amplias de la economía circular, esta hoja de ruta se enfoca principalmente en los materiales. Esto se debe, principalmente, a la existencia de iniciativas de planificación estratégica específicas sobre estos importantes ámbitos de acción, como son el Plan Nacional de Adaptación de Recursos Hídricos y la hoja de ruta Energía 2050.

Por un lado, estamos generando cada vez más residuos1 , la gran mayoría de los cuales terminan en rellenos sanitarios. Y, por otro lado, los actuales rellenos sanitarios cuentan en promedio con apenas 12 años más de vida útil2 . Si no cambiamos este patrón, en los próximos años Chile necesitará construir y empezar a operar varios rellenos sanitarios nuevos – lo cual, sin duda, no es una solución sostenible, dados los altos impactos socioambientales que estas instalaciones tienen sobre los territorios en que se insertan, generando rechazo por parte de las comunidades locales y provocando que sus períodos de desarrollo y construcción típicamente sean de más de diez años.

Por si esto fuera poco, una buena parte de los residuos que generamos, como los escombros y los neumáticos, no son dispuestos adecuadamente en rellenos sanitarios, terminando en lugares inadecuados como calles, quebradas, esteros o el mar. Los basurales y vertederos que estos residuos van creando provocan graves problemas para el medioambiente y la calidad de vida de las personas que viven a su alrededor, generando olores, atrayendo vectores de enfermedades (roedores, moscas, etc.) y aumentando el riesgo de incendios, entre otros impactos negativos. En otras palabras, Chile está colapsando de residuos, muchos de los cuales se generan innecesariamente, y gran parte de los cuales podrían valorizarse. Al mismo tiempo, nuestro país es notablemente ineficiente en el uso de los materiales, generando muy poco valor con ellos. Un claro ejemplo de esto es el hecho de que, a pesar de que el país debe importar la totalidad del plástico virgen3 que utiliza en sus procesos productivos, la gran mayoría de los residuos plásticos que se generan no son reciclados, terminando, en el mejor de los casos, en un relleno sanitario.

Y otro ejemplo es el hecho de que importamos una buena cantidad de fertilizantes sintéticos, a la vez que aprovechamos muy poco el abono natural que se puede obtener del compostaje de los residuos orgánicos – los cuales, en su mayoría, también van a relleno sanitario, donde su descomposición anaeróbica genera emisiones de metano, un gas de efecto invernadero mucho más potente que el dióxido de carbono. Todo esto redunda en que Chile tenga la menor productividad material de los países de la OCDE, generando apenas US$ 0,56 por cada kilogramo de material que utiliza la economía5 . Mantener este estado de cosas no tiene sentido. Si logramos utilizar y gestionar los recursos materiales de forma más eficiente y cuidadosa, podremos minimizar la generación de residuos y el consumo de recursos vírgenes, a la vez aportar al bienestar de las personas y el planeta. La economía circular es una herramienta poderosa para impulsar los cambios que necesitamos en este ámbito.

Puedes leer la hoja de ruta completa aquí


Febrero 09, 2021

Gonzalo Gomez Betancourt

Vamos que vamos. Consumo consciente, reducir los envases o embalajes contaminantes para que lo que reciclemos se lo mínimo y para quienes se motiven con el mensaje, emprender como eslabón de la cadena en la economía circular. Otro mundo es posible y está más cerca de lo que se piensa.


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